"A VUELTAS CON LA PARROQUIA"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Una año más me hago eco de la Semana de Teología Pastoral organizada por el Instituto Superior de Pastoral de la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid.

Su tema ha sido la parroquia, y la forma de proponerlo parece sugerir que se trata de un problema objeto de preocupación permanente, pero al que estamos lejos de encontrar solución.

 

La primera es que la parroquia es una institución resistente hasta el milagro dentro del catolicismo; que es tan necesaria como insuficiente, sobre todo en la situación actual; que necesita serias reformas; que existen propuestas teórico-practicas razonables para esas reformas, pero que no conocemos a ciencia cierta los caminos a seguir para hacerlas operativas.

 

Se tiene la impresión de que la parroquia ha constituido una pieza clave en la encarnación histórica del cristianismo desde aproximadamente el siglo V hasta bien entrada la Modernidad, pero que el desmoronamiento, sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX, de la sociedad, la cultura y el sistema religioso ligado a ellas, al que esa pieza pertenece, hace muy difícil encajarla en el marco radicalmente transformado de las sociedades posmodernas de la Europa actual.

 

Se ha dicho, con toda razón, que los principios de su renovación radican en la personalización del cristianismo de los fieles, la comunitarización de quienes las integran, la puesta en estado de misión de todos los elementos de su estructura, la eliminación del predominio absoluto que en ellas siguen ejerciendo los párrocos, la promoción y la participación de los laicos, y una mejor adaptación de su funcionamiento a las nuevas condiciones de movilidad, diferenciación de ámbitos vitales, secularización y pluralismo que caracterizan la vida ciudadana. Pero incluso los que proponen tales principios parecen dudar de que desde las estructuras eclesiásticas actuales puedan ser puestos en práctica.

 

Entre tanto, algunos, conformistas o realistas, parecen contentarse con que las comunidades parroquiales realicen misiones modestas, siempre necesarias, como acoger a los que llegan, acompañar a los mayores, visitar a los enfermos, ser una referencia de vida servicial, gozosa y llena de sentido en los pueblos y los barrios en los que viven. Y, para no caer en la peligrosa rutina, seguir dando vueltas al tema de las parroquias.


JUAN MARTIN VELASCO