Comunidad Cristiana
Santa Cruz
Puerto La Cruz , Anzoátegui
Venezuela
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Quiero que me oigas sin juzgarme
Quiero que opines sin aconsejarme
Quiero que confies en mi sin exigirme
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides sin anularme
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mi
Quiero que me abraces sin axfisiarme
Quiero que me animes sin empujarme
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mi
Quiero que me protejas sin mentiras
Quiero que te acerques sin invadirme
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten
Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas
Quiero que sepas...que hoy puedes contar conmigo..
Sin condiciones .
Jorge Bucay
Vale que estemos estresados...
Vale que puede que a ratos nos flojeen las fuerzas...
Vale que sea duro querer hacer tanto a base de robarle horas al sueño...
Vale que suponga renunciar a otras cosas y posponer más de un rato de ocio...
Vale que hay cosas que no nos salen y nos frustramos...
Vale que de vez en cuando uno se pregunte si realmente lo conseguiremos y le entre la duda...
Vale que no sea fácil luchar contra tantos impedimentos y dificultades...
Vale que podamos estar forzando la máquina...
Vale que a veces echemos de menos más "manos" para trabajar...
Pero merece la pena.
De eso hemos de estar completamente seguros/as.
Merece la pena
desvivirse,
despertarse,
desvelarse,
deshacerse,
desinstalarse,
desconyuntarse.. por lo que nos mueve.
Por eso, porque merece la pena, queridos amigos de sueños compartidos:
¡Hagamos esa llamada!
¡Escribamos ese email!
¡Montemos esa acción!
¡Vayamos a ese lugar!
¡Repartamos esos papeles!
¡Superemos ese miedo al ridículo!
¡Hablemos con esa persona!
¡Contagiemos la pasión por los empobrecidos!
¡Luchemos con todas nuestras fuerzas por este germen de Esperanza!
Ya no podemos traicionarlo.
Porque merece la pena.
Vamos con la recta final.
Estamos haciendo historia. Una historia de la que no somos nosotros los protagonistas.
Así que...
respira,
coge fuerzas
y...
Vamos!
VAMOS!

PEQUEÑA BIOGRAFÍA DE SAN JUAN BOSCO
SAN JUAN BOSCO, comúnmente llamado Don Bosco, es santo y fundador. Nació en Italia el 16 de agosto de 1815, en una humilde familia campesina. El siglo diecinueve representó un período muy especial en la historia de la Iglesia y de Italia. Don Bosco se insertó en los acontecimientos de su tiempo con la fuerza de un santo y con los instrumentos de un fundador.
A los dos años perdió a su padre Francisco Bosco. Su mamá, Margarita Occhiena, llevó adelante el hogar en medio de muchas dificultades.
Cuando Juan Bosco tenía 9 años tuvo un sueño en el que Dios le explicaba el sentido de su misión en la tierra.
Desde pequeño aprendió trucos y malabares para ganar la atención de sus compañeros y así repetirle las enseñanzas de la misa.
Para poder estudiar caminaba largos kilómetros hasta la escuela; incluso se mudó lejos de su familia y trabajó como herrero, sastre, mesonero, mientras estudiaba
Enfrentó dificultades con su hermano mayor quien no comprendía su inquietud por los estudios en medio de una realidad de pobreza como la que vivían.
Se destacó en los estudios, y salió adelante, gracias a Dios y al apoyo de su mamá Margarita y de un anciano sacerdote llamado Calosso.
De adolescente organizó iniciativas con sus amigos para garantizar el cumplimiento de los propios deberes y las diversiones sanas. Con ese propósito creó el grupo llamado “Sociedad de la Alegría”.
Con grandes sacrificios por parte de su mamá y el apoyo de sus vecinos logró estudiar en el seminario de Chieri en 1836
Fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841 en la ciudad de Turín. Ciudad en la que hará sentir su amor a los jóvenes más pobres con una variedad de iniciativas.
El mismo año de su ordenación, el 8 de diciembre, se encuentra con un joven albañil llamado Bartolomé, a quien brindó su amistad y lo invitó a frecuentar la catequesis.
La semana siguiente el joven Bartolomé invitó a sus amigos, y así nació el Oratorio Salesiano, para responder a las necesidades concretas de los muchachos pobres de Turín.
Juan Bosco fue para ellos: un amigo con quién jugar, un padre que les brindó el calor de un hogar, un maestro que los enseñó a vivir y un párroco que los insertó en la Iglesia.
Su meta era formarlos como “Buenos cristianos y honrados ciudadanos”, conscientes de la llamada de Dios para responder a los retos de la sociedad.
Esta iniciativa fue bendecida por Dios para alegría de muchos. Juan Bosco, superando muchas dificultades, construyó un internado, talleres y escuela y amplió su obra fuera de las fronteras del país, haciendo cruzar a sus seguidores el océano para llegar a nuestro continente en 1875.
Don Bosco confió siempre en el amor providente de Dios que nunca abandona. Se fió en los cuidados maternos de la Virgen María, propagando su devoción con el título de María Auxiliadora de los Cristianos: la Virgen de los tiempos difíciles.
No se acostaba sin rezar las tres Ave María y pedir que Ella completara el trabajo que en el día él no pudo hacer; le construyó una hermosa Basílica con dinero proveniente de las donaciones de aquellos que se habían sentido favorecidos por la intercesión de María Auxiliadora.
Supo hacerse ayudar e invitó a muchos a compartir su labor, abriendo cada vez nuevas iniciativas para dar oportunidades a muchos de aportar sus cualidades y experimentar la felicidad que brota del servicio hecho por amor.
Construyó así una gran familia sostenida por el amor de Dios, que busca mantener viva su labor y espiritualidad de las más variadas formas posibles. Dios lo hizo padre de un vasto movimiento de caridad, que hoy en día está propagado por el mundo entero, y es conocido como Familia Salesiana.
Actuaba con gran originalidad: uniendo la diversión con el cumplimiento del deber. Siempre mantuvo un trato muy amable con todos. Confiaba en la capacidad de los jóvenes y en la bondad que Dios había sembrado en sus corazones; ponía el Evangelio como punto central de referencia en todas sus intervenciones.
Esa manera de educar y de relacionarse con Dios y los demás la llamó “Sistema Preventivo”. Su finalidad fue ganarse el corazón de los muchachos, amando lo que ellos aman y mostrándoles la hermosura del Bien y la Bondad. Los enseño a liberarse de las malas juntas y a evitar los peligros típicos de la inexperiencia.
Esta manera de educar resultó tan eficaz que sus más grandes colaboradores surgieron de entre los mismos muchachos del Oratorio, quienes aprendieron a valorar el bien que les hacían y se animaron a seguir su ejemplo y compartir su vida, “quedándose con Don Bosco.
Vivió como Jesús y, el 31 de enero de 1888, murió como Él, entregándose por amor a quienes el Padre colocó en su camino. En su rostro descubrimos el amor de Jesús y el amor de Dios Padre. Juan Bosco no está muerto.
Le ha sido dado por el Papa oficialmente el título de Padre y Maestro de la Juventud, por haber hecho de los jóvenes el motivo psicológico, espiritual, organizativo de su vida y de su actividad. El sentido religioso de la gente lo invoca, además, como patrono en muchos sectores de la vida diaria.

Bienaventurados : mi amigo Jesús
Felices quienes ofrecen cada mañana una sonrisa a la primera persona que se cruza en su camino.
Felices quienes derrochan sonrisas, pues sólo este exceso podrá vencer la distancia, los muros y las apariencias.
Felices quienes han descubierto que una sonrisa no cuesta prácticamente nada y en cambio produce frutos imprevisibles.
Felices quienes después de vivir unos malos momentos renueva el ánimo con la sonrisa y la cercanía del amigo.
Felices quienes no piensan en el valor del mercado por cada sonrisa que ofrecen, sino que las reparte a quien la necesita y reconoce su utilidad en el momento que la regala.
Felices quienes se han dado cuenta que una sonrisa es un bálsamo que produce milagros y está indicada contra la tristeza, la apatía, la desesperanza y la dureza de corazón.
Felices quienes saben que una sonrisa ofrece serenidad ante el cansancio de la vida, da nuevo vigor a la persona que la recibe y renueva su ánimo.
Felices quienes han experimentado que repartiendo cada día más sonrisas no se empobrecen, sino que aumenta su felicidad al enriquecer a quienes las reciben.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
La iglesia una Comunidad de Comunidades, una red de comunidades trabajando por la vida, por los pobre...

«Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has descubierto a la gente sencilla».

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