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Sobre lo que dijo el Papa y lo que algunos les gustaría qque dijera para "armarla".
--La posición del Papa sobre el Islam
está sin lugar a dudas expresada en el documento del Concilio Vaticano II
Nostra Aetate: «La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que
adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso,
Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos
designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a
quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque
no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también
la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios
remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del
juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto,
aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas
y el ayuno» (n. 3).
--La opción del Papa a favor del diálogo interreligioso e intercultural es
asimismo inequívoca. En el encuentro con los representantes de algunas
comunidades musulmanas en Colonia, el 20 de agosto de 2005, dijo que este
diálogo entre cristianos y musulmanes «no puede reducirse a una opción
temporal», añadiendo: «Las lecciones del pasado tienen que servirnos para
evitar que se repitan los mismos errores. Queremos buscar los caminos de la
reconciliación y aprender a vivir respetando la identidad del otro».
--Por lo que se refiere al juicio del emperador bizantino Manuel II Paleólogo,
citado por él en el discurso de Ratisbona, el Santo Padre no pretendía ni
pretende de ningún modo asumirlo, sólo lo ha utilizado como una oportunidad para
desarrollar en un contexto académico y según resulta de una atenta lectura del
texto, algunas reflexiones sobre el tema de la relación entre religión y
violencia en general y concluir con un claro y radical rechazo de la
motivación religiosa de la violencia, independientemente de donde proceda .
Vale la pena recordar lo que el mismo Benedicto XVI afirmó recientemente en el
mensaje conmemorativo del vigésimo aniversario del encuentro interreligioso de
oración por la paz convocado por su predecesor Juan Pablo II en Asís, en octubre
de 1986: «Las manifestaciones de violencia no pueden atribuirse a la religión
en cuanto tal, sino a los límites culturales con las que se vive y desarrolla en
el tiempo… De hecho, testimonios del íntimo lazo que se da entre la relación con
Dios y la ética del amor se registran en todas las grandes tradiciones
religiosas».
--Por tanto, el Santo Padre está profundamente disgustado por el hecho de que
algunos pasajes de su discurso hayan podido parecer ofensivos para la
sensibilidad de creyentes musulmanes y hayan sido interpretados de una manera
que no corresponde de ninguna manera a sus intenciones. Por otra parte, ante la
ferviente religiosidad de los creyentes musulmanes ha advertido a la cultura
occidental secularizada para que evite «el desprecio de Dios y el cinismo que
considera la ridiculización de lo sagrado como un derecho de la libertad».
--Al confirmar su respeto y estima por quienes profesan el Islam, el Papa desea
que se les ayude a comprender en su justo sentido sus palabras para que, una vez
superado este momento difícil, se refuerce el testimonio en el « único Dios,
viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de
la tierra, que habló a los hombres» y la colaboración para promover y
defender «unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad
para todos los hombres» (Nostra Aetate, n. 3).

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