Saludos   

El encuentro con Dios en la vida cotidiana es nuestra meta y nuestro sendero. Reconocer, nombrar, la experiencia de Dios en la vida de muchos creyentes es como el pan de cada día de su fe, unas veces más blando y suave como la torta y otras duro como la piedra.

Todos tenemos experiencia de Dios a nuestra manera, pero es muy frecuente que seamos rebeldes y queramos que la experiencia se adapte a nuestras expectativas, por lo que solemos concluir que  no estamos seguros si, en verdad, hemos tenido alguna vez la experiencia de Dios.

Sólo cuando nos atrevemos aceptarnos y aceptar el don de Dios como es , como  nos viene,  en la acción de gracias podremos reconocer y nombre esta experiencia inefable de ser atendidos y amados en Dios.

Dios se nos acerca en el espacio de la vida de todos los días, en nuestras dudas, alegrías, en nuestros llantos y risas, en nuestros encuentros y soledades.

Es en ese gesto humano y cercano: en la ternura , en acoger el dolor, en saber esperar, sentir la indignación ante la injusticia, buscar la verdad para seguirla.

En definitiva en medio de nuestra nimiedades e impotencias, en nuestros logros y felicidades está El, esperando el sencillo y supremo gesto de confiar , esperar y permanecer en el amor, sostenidos por ël , nada más.

¿ No sería una pena descubrir un día que toda nuestra vida anduvimos en la palma de su la mano y que nos la hemos pasado en  un puro lamento ?

Decía Simone Weil que para ver si alguien ha experimentado a Dios hay que fijarse en cómo es su hablar sobre los hombres.

 

  " He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Jn.10,10 "                                              

 

 

Dios de  Bondad,

concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

valor para cambiar las que sí puedo

 y sabiduría para distinguir las unas de las otras

         

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"No pido estar libre del temor,
sino tener el valor de enfrentarlo.
No pido el fin de mi sufrimiento,
sino corazón suficiente para abrazarlo"

(Tagore)

 

 

Hay personas que luchan un día y son  buenas.  
Hay personas que luchan un año y son mejores.
  Pero hay personas que luchan toda la vida:
ésas son las imprescindibles.
Bertold Brecht