- Síntesis del documento :
RENOVAR NUESTRAS COMUNIDADES CRISTIANAS
CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS DE PAMPLONA Y TUDELA,
BILBAO, SAN SEBASTIÁN Y VITORIA
CUARESMA-PASCUA, 2005
- En los escritos del Nuevo Testamento
convertirse equivale a renovarse.
el apóstol Pablo, en sintonía con todo el Nuevo Testamento, nos apremia a
renovarnos interiormente despojándonos del «hombre viejo» y revistiéndonos del
«hombre nuevo creado a imagen de
Dios para llevar una vida santa».9
- En efecto, la renovación postulada por San Pablo no consiste ni en
inventar ni en
- restaurar ni en retocar la vida cristiana personal o comunitaria. La
Iglesia está ya
- inventada, aunque necesitamos creatividad, valentía y paciencia para
colaborar con el
- Espíritu en su renovación.. La Iglesia necesita algo más que simples
retoques que dejan prácticamente intactas sus brechas y sus heridas actuales;
habrá de implicarse en una renovación profunda que le conduzca a aceptar a
Jesucristo como único Señor y a situarse en actitud de servicio evangélico a
la comunidad humana.
-
-
I.– Elementos a tener en cuienta para una RADIOGRAFÍA DE NUESTRA COMUNIDAD
Parroquial
-
1. Una mirada analítica que se dirige a :
- 1.1.
Los creyentes
motivados y comprometidos
- 1.2.
Los cristianos
practicantes
- 1.3.
Los practicantes
ocasionales
- 1.4.
Los alejados de la
vida de la comunidad (el más amplio)
- Hay un grupo de bautizados cuyos vínculos con la fe y la Iglesia son más
- tenues, casi inexistentes. Muchos de ellos afirman creer en Dios. Pero su
rostro no tiene
- trazos vigorosos. Más que creer
en Dios, creen
que
Dios existe. Esta creencia no
- tiene influencia ninguna en su diario vivir. Algunos tienen de Él una
imagen nebulosa y
- desdibujada, de rasgos apenas personales. «Tiene que haber Algo» es su
expresión
- socorrida. Otros están incluso cercanos al agnosticismo: «creo que existe,
pero no estoy
- muy seguro». Jesucristo es para ellos un personaje de una talla mental y
moral
- excepcional pero no están muy convencidos de que sea el Hijo de Dios. Del
Evangelio
- aprecian casi exclusivamente sus valores morales de signo humanista. El
conjunto del
- mensaje cristiano les parece una construcción mental tejida, a lo largo de
los siglos, en
- torno al recuerdo de Jesús. La oración no tiene cabida en sus vidas, salvo
en momentos
- muy críticos y angustiosos.
- Se autocalifican cristianos y católicos. Pero estas expresiones tienen en
ellos un sentido
- casi exclusivamente sociológico. Son «católicos sin Iglesia, sin Cristo
Salvador y sin Dios Padre».
11
- Han llegado a su situación actual a través de muchos caminos.
- 1.5 "Cristianos resentidos"
- Hay cristianos que desean fervorosamente
desincorporarse de la Iglesia, autoexcluirse. Y los hay, que de una manera
militante, consideran su misión particular atacar, desprestigiar y trabajar
para que la comunidad cristiana desaparezca o al menos quede reducida a la
mínima expresión .
-
-
2. Una aproximación global
- 2.1.
Signos
alentadores
- 2.1.1.
En el ámbito estricto
de la Iglesia
- a. Se Devuelve la Palabra al pueblo creyente es un viejo compromiso de sus
pastores.
- b. El número de laicos/as que se acercan a servicios de formación
ofrecidos por nuestras Iglesias es notable y creciente.
- c. La calidad de su celebración ha mejorado en muchos lugares. En general,
las moniciones, los cantos, el ritmo, la participación, la proclamación de la
Palabra, la misma preparación han ganado en dignidad y cuidado.
- d. La solidaridad afectiva y efectiva con los excluidos y marginados es un
signo
- inequívoco de humanismo y una piedra de toque imprescindible de nuestra
fe.
- e. En los veinte últimos años el número de laicos implicados en tareas de
colaboración
- pastoral se ha multiplicado. Notamos, sin embargo con preocupación, que el
relevo de las generaciones de ayer se torna cada día más difícil. La
resistencia al compromiso estable es hoy común en toda la sociedad.
- f. La imagen de nuestra Iglesia es «directiva y poco participativa». La
realidad va
- cambiando paso a paso. Casi todas nuestras parroquias tienen algún órgano
colegiado en
- torno a sus presbíteros: un Consejo de Pastoral o una Junta parroquial.
Casi todas las
- obras de los religiosos tienen también sus Consejos. El Consejo Pastoral
Diocesano es
- una realidad asentada. Es cierto que quedan todavía reflejos autoritarios
y decisiones
- tomadas en soledad. Queda un trecho para que arraigue entre nosotros una
«cultura»
- participativa y corresponsable.
- g. La misma situación de la Iglesia, carente del respaldo de las
instituciones civiles y del
- «viento a favor» del ambiente, nos está ayudando a ser más humildes y
menos arrogantes, más transparentes y menos opacos en la información y
comunicación.
- h. La intemperie religiosa que padecemos en la atmósfera cultural de
nuestro tiempo ha
- debilitado sin duda la fe de muchos. Los horrores de la historia de la
humanidad en este
- último siglo (el holocausto nazi, los «gulags» comunistas, las matanzas de
Rwanda y
- Sudán, República Democrática del Congo, la extensión pavorosa del SIDA así
como las catástrofes naturales), golpean nuestra fe con más contundencia que
muchos libros de los filósofos increyentes. Pero en muchos casos esta fe se ha
purificado y ha pasado de ser simplemente heredada a ser más personal, más
purificada y más trabajada.
- 2.1.2.
En el amplio mundo
religioso
- a. La lucha sostenida y pacífica por una sociedad más justa, la entrega
abnegada y constante a los últimos de la tierra, la dedicación de una vida
entera a promover la salud, la ciencia, la dignidad de la mujer, la
habitabilidad del planeta, revelan la existencia en ellos de unos «valores
absolutos». Tales valores no tienen para ellos rostro divino. Pero son
sagrados. Desde una mirada creyente, tras ellos está Dios.
- b. Desde hace unos años es notable en varios países el número de jóvenes
mayores y de adultos, apenas impregnados en su infancia por la propuesta
cristiana, bien integrados en su familia, en su profesión y en su vida cívica,
que se preguntan: «¿esto es todo? ¿No hay nada que dé un sentido global a mi
vida y a mi muerte, al gozar y al sufrir, a las luchas, victorias y fracasos
de la existencia? ¿Viviremos sólo ante nosotros mismos y ante los demás? ¿No
viviremos ante Alguien?» No es desatinado aventurar qué inquietudes y
preguntas semejantes anidan también, siquiera por temporadas o en momentos
existenciales, en muchos de nuestros conciudadanos.
- c. Los nuevos movimientos religiosos revelarían la apertura básica de los
- humanos a Algo o Alguien que nos desborda.
- d. Hay tres experiencias humanas que desconciertan al hombre o a la mujer
no religiosos y
- les pueden abrir a ese Misterio que les desborda. La primera se
hace presente cuando
- nos sentimos como necesitados de agradecer algo que no es puro fruto de
nuestro
- esfuerzo ni don de los demás y no sabemos a quién dirigir nuestro
agradecimiento.
- La segunda
es la experiencia de la culpa. Por más que esfuerzos
personales y corrientes culturales quieran acallarla ignorándola, aparece
vinculada a nuestro proceder como la sombra va unida al cuerpo. La tercera
es la muerte de los seres queridos. Ayuda a apreciar más algunos valores
olvidados y a no afanarse tanto por otros objetivos menos valiosos.
-
- 2.2.
Signos
preocupantes
- 2.2.1.
Una crisis religiosa
global
- La Religión es, a la vez, un conjunto de creencias, de normas morales, de
prácticas, de símbolos, de valores, de sentimientos. El alma de todos estos
elementos es la fe. Todos ellos y la fe misma, están hoy gravemente
tocados por la crisis
- a) Crisis de creencias
- La tendencia a escoger en el «supermercado de la fe» aquellos
ingredientes de mi propio plato combinado es real y creciente.
- b) Crisis de las normas morales
- Existe un grupo notable de católicos que aceptan «tal cual» todo el
mensaje moral de la Iglesia. Pero, en esta área, el desmarque con respecto a
la doctrina moral propuesta por aquélla es sensiblemente mayor.
- c) Crisis de la práctica religiosa
- He aquí el aspecto más visible de la crisis. El abandono de la Eucaristía
dominical por parte de muchos es palpable y cuantificable. Al tiempo que la
participación litúrgica languidece, se mantienen y florecen entre nosotros
algunas manifestaciones de piedad y religiosidad populares. Prenden no sólo en
los católicos practicantes sino en muchos no practicantes, incluso próximos a
la indiferencia. Las Cofradías parecen resurgir.
- En los ámbitos más alejados de la fe de la Iglesia, nos encontramos con
bautizados y
- no bautizados sumidos en una total indiferencia religiosa.
- Las encuestas detectan un 24% de nuestra juventud que se adhieren a esta
respuesta: «paso
- de Dios; no me interesa el tema; para mí, Dios no existe».
- Los caminos por los que han llegado a esta estación en la que se han
bajado del tren de
- la fe son diferentes. Unos se han ido «silenciosamente» por un abandono
progresivo y
- nada reflexivo. Otros, más jóvenes, no han tenido apenas una conexión de
alguna
- consistencia con la tradición creyente. Otros, tras un tiempo de conflicto
interior entre la
- fe y la increencia, han llegado a la conclusión de que la fe, lejos de
resolver los
- problemas importantes de la vida, es un obstáculo para desenvolvernos
- espontáneamente en este mundo. Bastantes se han identificado con una
percepción del
- cristianismo como algo extraño, caduco y reaccionario. No faltan entre
ellos algunos
- espíritus muy sensibles a la mediocridad, la infidelidad e incluso el
escándalo de
- creyentes y pastores.
- «
La indiferencia no
constituye, como pensábamos en otros tiempos, una situación
- intermedia entre el creyente y el ateo, sino la forma más radical de
alejamiento de
- Dios. Él ha dejado de ser problema: ni ocupa ni preocupa
»
- 2.2.2.
Un proceso de
secularización interna
- Las crisis antedichas manifiestan y reflejan una crisis de mayor calado
que afecta en
- alguna medida a creyentes y pastores: la comunidad cristiana se está
secularizando
- (mundanizando). Así lo declaró en su día nuestra Conferencia Episcopal: «
La
cuestión
- principal a la que la Iglesia ha de hacer frente hoy en España no se
encuentra tanto en
- la sociedad o en la cultura ambiental cuanto en su propio interior; es un
problema de
- casa y no sólo de fuera
».
- El bienestar se nos
vuelve más necesario que la espiritualidad, la fe no es un
-
- valor a transmitir con respetuoso empeño en la familia, la Semana Santa
se nos convierte en «vacaciones de primavera», los sacramentos son ante todo
celebraciones familiares y nuestra fe tiene escasa incidencia en las
opciones económicas y sociales que jalonan nuestra vida.
-
- Uno de los signos de
nuestras carencias espirituales y evangelizadoras es la gran
- dificultad que
experimentamos al transmitir la fe a las jóvenes generaciones.
-
- La matriz de nuestras comunidades eclesiales muestra, asimismo, su
déficit de vigor en una menor capacidad de engendrar asociaciones vivas que
enriquezcan la vida cristiana de la comunidad y aporten oxígeno a la
sociedad.
-
- La atmósfera de la sociedad que envuelve e impregna a nuestros jóvenes
está muy revuelta para que germinen vocaciones de esta naturaleza,
necesarias para vigorizar la comunidad.
- 2.2.3. Una institución
eclesial debilitada
- Por una parte, el alto crédito que ella y sus responsables tenían en la
sociedad ha bajado
- muchos enteros. Es verdad que la voz de la Iglesia es escuchada con
respeto cuando expone grandes principios morales o los aplica a situaciones
como la guerra, el hambre y la miseria de continentes enteros. Es también
cierto que el aprecio real de muchos ciudadanos es mayor que el aprecio
reflejado en muchos Medios de Comunicación. Pero... son horas bajas las
actuales para la credibilidad de la Iglesia. En los últimos años, la imagen de
la Jerarquía ha sufrido un notable descenso en la escala de la valoración
social.
- Es cierto, con todo, que gran parte de nuestra sociedad descubre en el
rostro de la
- Iglesia algunos rasgos más amables: las acciones de Cáritas, el testimonio
de los
- misioneros, el compromiso de los religiosos a favor de los últimos (p.e.,
los hogares
- para víctimas del SIDA). Muchos otros aspectos saludables y socialmente
fructíferos
- (p.e., la Escuela cristiana), no son suficientemente reconocidos.
- Pero la crisis de la institución eclesial no es sólo exterior. En unos
tiempos en los que se ha difuminado un tanto la neta diferencia entre creer y
pertenecer, nos encontramos con la paradoja de creyentes que declaran no
pertenecer a la Iglesia e increyentes que dicen pertenecer a ella.
-
-
II.– LAS RAÍCES DE NUESTRA ACTUAL SITUACIÓN
-
1. Un cambio primordialmente cultural .
- Es evidente que un profundo cambio cultura que se ha producido en estos
años no ha sido acompañado de una reflexión y oportunas transformaciones
capaces de posibilitar una vigencia significativa de los valores de la
comunidad en el contexto social.
-
-
2. Cambios múltiples
- Nuestra intención es más modesta. Nos remitimos a señalar algunos factores
que han
- marcado especialmente nuestra vida creyente y eclesial.
- 2.1.
Crisis de
tradición
- 2.2.
Crisis de
instituciones
- 2.3.
El individualismo
- 2.4.
La tendencia
nihilista de nuestra cultura
- 2.5.
«Producir y
consumir»
-
3. Las debilidades e infidelidades de la comunidad cristiana
La mediocridad de los cristianos,
los escándalos de personas y grupos eclesiales, la
- visión corta de sus pastores, la falta de valentía para renovaciones de
calado serían los
- principales motivos de nuestra situación actual. Habríamos convertido en
rutina la
- novedad transformadora del mensaje del Señor.
- Nadie puede negar que la comunidad cristiana y sus miembros (pastores y
fieles)
- tenemos nuestra cuota de responsabilidad. El Vaticano II afirmó con vigor:
«
En la
- génesis del ateísmo puede corresponder a los creyentes una parte no
pequeña en cuanto
- que... por los defectos de su vida religiosa, moral y social debe decirse
que han velado,
- más que revelado, el rostro de Dios y de la religión
».24
- 3.1.
El descuido de la
experiencia de la fe
- Enfrascados en tantas doctrinas y embarcados en tantas tareas hemos
olvidado más de la
- cuenta lo verdaderamente fundamental: cuidar la experiencia de la fe.
- 3.2.
La difuminación de
los contenidos nucleares de la fe
- Dios Padre, Jesucristo y su Misterio Pascual, el Espíritu constructor de
la Iglesia, el amor y la misericordia como valores primordiales, el
seguimiento de Jesús vinculados a María, la comunidad eclesial, la esperanza,
el testimonio de la fe y la dedicación a los pobres constituyen el núcleo
fundamentales convicciones pueden incluso estar cuarteándose en muchos
creyentes, mientras estamos ocupados en hablarles de temas periféricos o
ampliar sus conocimientos teológicos..
- 3.3
La crisis del
seguimiento
- Instalados en la «
cultura de
la satisfacción» (Galbraith) muchos de
nosotros
- experimentamos especiales dificultades para enrolarnos en el seguimiento
de Jesús.
- 3.4.
El predominio de
la ética sobre la fe viva
- Desde siempre el hueco dejado por un déficit de experiencia creyente suele
ser
- rellenado con el empeño ético. No se niega la fe, pero se marginan algunos
aspectos
- importantes de la misma, entre ellas la contemplación y la oración.
- 3.5.
La tendencia a la
fragmentación
- Cambios sociales y debilidades eclesiales favorecen la fragmentación. La
cultura
- postmoderna es la «cultura del fragmento».
- 3.6.
Reacciones
inadecuadas ante el impacto cultural
- a) La primera consiste en confundir y suplir «
la
radicalidad evangélica con el
- rigorismo
».35
- b) La segunda reacción no puede resistir el rechazo frontal que despierta
la presentación
- íntegra del mensaje cristiano en el entorno cultural dominante.
- c) La búsqueda de condiciones sociales o legales especialmente favorables
a la
- comunidad cristiana.
- c) La búsqueda de condiciones sociales o legales especialmente favorables
a la
- comunidad cristiana.
-
-
III.– LECTURA CREYENTE DE NUESTRA SITUACIÓN ECLESIAL
- Describir una situación e identificar sus causas es necesario, pero
insuficiente. Los
- hechos humanos no son simplemente como los hechos físicos que se explican
describiendo sus causas y enumerando sus efectos. Necesitan ser interpretados.
Es preciso descubrir su significación.
-
-
A) A LGUNAS CLAVES DE LECTURA
- 1. Una prueba dolorosa
- A nosotros se nos pide asumir con humildad y con paz la parte que nos
- corresponde de responsabilidad y de pecado en la situación existente.
- 2. Un desafío colosal
- Por primera vez en la historia a partir del s.
IV la
Iglesia católica y las demás Iglesias
- cristianas viven en muchas regiones de Europa una situación de minoría
cada vez más
- próxima a la diáspora al estilo de las minorías judías presentes por
doquiera en el
- mundo gentil.
- «
Lo que está desapareciendo no
es el cristianismo, sino una forma histórica de ser cristianos».43
Asistir y participar en su alumbramiento
será nuestra tarea y nuestra dicha.
- 3. «Derribados, pero no abatidos»
- Las amenazas y riesgos del presente pueden ser entendidas, bien como
- desestabilizadoras, bien como ocasión y punto de partida de una
renovación.
- 4. La Religión pervive
- Hoy por hoy la Iglesia vive momentos de apretura. Pero –lo apuntábamos más
- atrás– la Religión pervive y adquiere renovado vigor.
- 5. El Espíritu actúa en el mundo y guía a la Iglesia
- La hiper-responsabilidad conduce a la hiper-actividad y a la impaciencia.
Debajo de esta reacción subyace un déficit de nuestra fe.
- 6. Tiempo de conversión
- Analizar a la luz de la fe la situación en nuestras Iglesias y las
posiciones de nuestra
- sociedad ante la Religión está reclamando de la comunidad cristiana una
actitud básica:
- la conversión.
- B) U
NA ESPIRITUALIDAD PARA
NUESTRA ÉPOCA
La lectura creyente de la realidad
de nuestras comunidades en medio de esta
- sociedad sugiere una espiritualidad adecuada a la presente coyuntura.
Vamos a
- remitirnos a destacar algunos de sus rasgos.
-
1. Una espiritualidad de la confianza, no del optimismo
- 2. Una espiritualidad de la fidelidad, no del éxito
- 3. Una espiritualidad de la responsabilidad, no del culpabilismo
- 4. Una espiritualidad de la esperanza, no de la nostalgia
- 5. Una espiritualidad de la paciencia, no de la prisa
- 6. Una espiritualidad del aprecio de lo pequeño, no de la ambición de lo
grande
- 7. Una espiritualidad de la sintonía, no de la distancia
- 8. Una espiritualidad de la sanación, no de la condena
- Otras claves espirituales
- requeridas para renovar nuestras comunidades pueden ser :
- - Explorando los signos de la presencia del Espíritu en el mundo.
- - Sabedores de las dificultades y posibilidades.
- - Con realismo y esperanza.
- - Buscando luz y fuerza en la oración.
- - Sin añoranzas del pasado.
- - Conscientes de nuestras inercias.
- - Apoyándonos en lo positivo que poseemos.
- - Superando el individualismo.
- - Evitando el pesimismo.
- - Por el camino de las pequeñas experiencias.
- - Compartiendo búsquedas mediante la reflexión pastoral.
- - Anticipándonos a las situaciones y necesidades previsibles.
- - Realizando una prospección pastoral del futuro.
- - Sin dejar para mañana lo que se puede hacer hoy.
- - En la esperanza activa del Reino, desde las pequeñas realidades como el
grano de
- mostaza y desde la cercanía y solidaridad con los últimos.
-
-
IV.– LAS CLAVES DE UNA VERDADERA RENOVACIÓN
- Nuestras comunidades necesitan mucho más que unos ajustes o retoques
periféricos.
- El Señor nos está llamando a una renovación profunda. «
Si
alguien vive en Cristo es
- una nueva criatura; lo viejo ha pasado y ha aparecido algo nuevo
».64
Desde ahora nos
- toca preparar «
unos cielos
nuevos y una nueva tierra en la que habite la justicia».65
-
-
1. Una fe ungida por la experiencia
- 1.1.
Necesaria
La fe heredada es un tesoro que
nunca podemos agradecer suficientemente. Hoy esta
- fe necesita con mayor apremio ser interiorizada, personalizada, pasada por
el corazón,
- impregnada por la experiencia creyente. Los creyentes hemos de ser más
testigos que
- repetidores. Nosotros mismos necesitamos ser más pastores que gestores. No
queremos
- suplir con la organización y el esfuerzo lo que sólo puede nacer de la
sintonía vital con
- el Espíritu y de la adhesión sincera a la Iglesia.
- 1.2.
Qué experiencia
- Consiste en una afinidad connatural con el mundo de la fe, que sabe
descubrir en la
- hondura de los acontecimientos cotidianos de nuestra existencia, leídos a
la luz de la
- Escritura, la presencia discreta de Dios.
- La experiencia de la fe es, pues, experiencia de Dios.
- 1.3.
Iniciar y
reiniciar
- Iniciar es despertar a la experiencia de la fe y desde ella enriquecer sus
contenidos, orientar la vida moral, familiarizar con la Palabra de Dios y con
los grandes símbolos de la liturgia, cultivar el sentido comunitario, abrir la
sensibilidad para servir a la sociedad.
- No serán probablemente demasiados los que se decidan a someterse a un
proceso
- semejante. No desistamos. Llegaremos hasta donde podamos. Debe
preocuparnos más la calidad del proceso que el número de participantes.
- 1.4.
Aprender a orar
- Dentro del itinerario de la iniciación, aprender a orar es decisivo para
la experiencia
- y práctica de la fe. L
-
-
2. Una fe trabajada por el seguimiento
- En los tiempos que corren «
sería
un contrasentido contentarse con una vida
- mediocre, vivida según una ética de mínimos y una religiosidad superficial
».67
- El Concilio Vaticano II confirmó
- plenamente esta afirmación. «
Todos
los cristianos de cualquier estado o condición
- están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en el
amor. Esta
- santidad favorece también en la sociedad terrena un estilo de vida más
humana.
- Alcanzarán dicha perfección siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose
conformes a
- su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre
».
-
-
3. Una fe vivida en comunidad
- 3.1.
¿Colectividad o
comunidad?
«Hacer
de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión»71
es un hermoso desafío
- lanzado por el Papa en el inicio del nuevo milenio. El desafío es
pertinente
- 3.2.
La comunidad es
necesaria para vivir la fe No se
trata, sin embargo simplemente de una necesidad teológica, sino también
sociológica: para vivir con integridad la vida cristiana y mantener incluso la
fe católica hoy, en tiempos de intemperie, es cada vez más necesario
pertenecer efectivamente a la comunidad. Se nos hadicho: «practicar
la acogida sin exclusiones, vivir relaciones de proximidad, cultivar vínculos
concretos de conocimiento y amor, celebrar la Eucaristía y hacerse cargo de
los habitantes del lugar, sintiéndose enviados a ellos».
- Un creyente necesita un clima familiar y cálido que le resulte alternativo
con respecto a muchos ambientes fríos, duros y competitivos de la sociedad.
Necesita alimentar su sentido de pertenencia a la comunidad, cuando tantos
factores le inducen a la desafección y a la distancia. Tal vez una de las
causas que más influyen en el enfriamiento religioso de muchos sea la carencia
de lazos estrechos y ricos con su comunidad. Ser acogidos correcta y
educadamente no les es suficiente. Quienes nos reunimos en la Eucaristía no
estamos
- allí por ser simplemente conciudadanos, sino
por
y para
ser hermanos.
- 3.3.
A imagen y
semejanza de las comunidades del NT
- Toda comunidad cristiana tiene bien reflejado su «código genético» en el
NT, sobre
- todo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Estos son los rasgos más
marcados de
- las primeras comunidades. Tienen viva conciencia de que el Espíritu está
presente en
- ellas.
73
Reunirse para escuchar y celebrar la Palabra, la
Eucaristía y la oración común
- entra como pieza ineludible en el programa de su vida.
74
Muestran un vivo sentido de
- fraternidad
75
en virtud de la cual practican una generosa
comunicación de sus bienes.76
- Se dedican activamente a la mutua edificación.
77
Entre sus miembros están abolidas las
- barreras sociales y culturales.
78
Están igualmente excluidas las relaciones de
dominio79
y
- de violencia.
80
Se sienten diferentes del resto de la sociedad,81
aunque pertenecientes a
- ella y servidores.
82
No obstante adoptan una actitud de resistencia
cuando así lo pide la
- fidelidad al Evangelio.
83
Su presencia causa sorpresa, admiración y
agresividad.84
No
- son comunidades sin pecado: subsisten la ambición, los protagonismos, las
rivalidades,
- los deslices sexuales.
85
Pero hay en ellos una fuerza que les induce a
mantener su
- identidad, a vivir como comunidad alternativa y a ofrecer su testimonio a
la sociedad.
- 3.4.
Comunidades y
comunidad
- Hoy nos toca enraizar las comunidades cristianas en un mundo diferente con
fidelidad a los orígenes y con creatividad para adaptarnos a los nuevos
tiempos. La renovación de las
- comunidades entraña transformación e incluso conversión. En toda comunidad
habrán de tener especial relieve la conciencia viva de la presencia de Jesús
en la Palabra, en la Eucaristía, en los pobres, en la misma comunidad y en el
presbítero que hace presente en ella a Cristo Pastor. La oración, la
celebración de los sacramentos, la comunicación de bienes y servicios, la
reconciliación, la misión evangelizadora compartida y el amor servicial y
crítico a la sociedad no son, en absoluto, opcionales.
- Encarnar todos estos caracteres es menos difícil en una comunidad de talla
humana que
- en una macroparroquia o en una diócesis entera.
- Pero sin la «Iglesia mayor» (diócesis, Iglesia universal) faltaría a las
pequeñas comunidades el oxígeno de una ancha comunión, los testimonios de vida
cristiana.
- 3.5.
Hacia una mayor y
mejor comunicación
- Es una evidencia que a pesar de los esfuerzos para favorecer una más
fluida y provechosa comunicación falta asumir plenamente el sentido de que
comunicarse es exigencia y necesidad de comunión.
-
-
4. Una fe urgida a la evangelización
- 4.1.
Nueva
evangelización
- «
La evangelización es el
ofrecimiento libre de la Buena Noticia de Jesucristo a un
- medio humano que o bien no ha recibido aún el mensaje o lo ha recibido de
manera
- substancialmente insuficiente
»
(Rovira Belloso).
- 4.2.
Los motivos del
impulso evangelizador
- .
: «Dios
quiere darse a conocer a través de nosotros, que formamos su Iglesia».87
Evangelizar es decir sí a este deseo y
colaborar con Él.
- 4.3.
Los interlocutores
de hoy
- Si el amor salvador de Dios se extiende a todos .Ni siquiera a ese alto
porcentaje
- de jóvenes y mayores que «viven perifericamente», dominados por la
urgencia de la
- producción y la búsqueda de la satisfacción. Tampoco a aquellos que por
unas razones u
- otras, se han instalado en la indiferencia total . Pero es deber nuestro
concentrar preferentemente nuestro esfuerzo en aquellas personas y grupos más
al alcance de las actuales energías de nuestras Iglesias. Enumerémoslos:
- - Los que están en proceso de búsqueda religiosa. En algunos, la
búsqueda es explícita.
- Pero son mucho más numerosos que aquéllos que hoy se acercan a la Iglesia
en
- demanda de luz y orientación para encontrar a Dios.
- - Los cristianos practicantes, ya señalados como necesitados de una
reevangelización.
- - Los cristianos de los nuevos movimientos eclesiales y de las
pequeñas comunidades
- que se esfuerzan sinceramente por vivir una existencia convertida al
Evangelio.
- - El núcleo vivo y motivado
que colabora en nuestras comunidades
parroquiales,
- colegiales o realidades análogas. Deberemos cuidar exquisitamente su
experiencia
- cristiana completa y animar su compromiso eclesial.
- - El núcleo de cristianos netos y sólidos inmersos en compromisos
cívicos como la
- sanidad, la escuela, la cultura, el ocio, el compromiso sindical y
político. Necesitan y
- desean un alimento consistente para vivir su fe y su compromiso cristiano
en
- espacios delicados, importantes y bastante inhóspitos para un testimonio
cristiano.
- 4.4.
Cómo evangelizar
- Necesitamos tiempo para actualizar la propuesta a estos nuevos
destinatarios.
- Necesitamos paciencia para aguantar la oscuridad y esperar «como el
centinela la
- aurora», que nazca el alba, pero con una espera activa y buscadora.
- En un «estado de misión» como el nuestro necesitamos favorecer : presencia
en todos los ambientes; diálogo con los interlocutores; colaboración en toda
causa justa y noble; testimonio cristiano de vida; anuncio explícito de
Jesucristo.
- La nueva expresión reclama algo más que poner al día nuestro vocabulario:
es anunciar la Buena Nueva en un lenguaje que exprese al mismo tiempo nuestra
experiencia de Dios y
- nuestra sintonía sincera, aunque crítica, con el mundo presente.
- 4.5.
Con los pobres al
fondo
- El mundo moderno se desentiende en gran medida de los pobres. La Iglesia
no
- puede caer en este tremendo olvido. Nuestra misión evangelizadora nos
empuja a
- despertar y alimentar una saludable «mala conciencia» en la sociedad y en
las mismas
- comunidades cristianas.
-
-
V.– APUNTES PARA CONCRETAR NUESTRAS OPCIONES
-
1. Un estilo pastoral renovado
- Preparar el futuro desde la situación presente entraña la necesidad de
renovar
- nuestro estilo pastoral, que está llamado a ser más espiritual, más
comunitario, más
- evangelizador, más corresponsable, más personalizado y más centrado en la
formación
- del núcleo pastoral de nuestras comunidades.
- 1.1.
Más espiritual
- Un estilo más
espiritual
comporta, al menos, estos requisitos. En
primer lugar, la
- convicción humilde y confiada de que «sólo Dios salva». Nosotros somos
sólo
- servidores. «
Hemos hecho
únicamente lo que teníamos que hacer».9
- 1.2.
Más evangelizador
- Un estilo más
evangelizador
nos es reclamado hoy por la situación de
fe de muchos
- bautizados, que pertenecen estrictamente al grupo de los que apenas han
recibido la
- Buena Noticia o la han recibido de manera substancialmente insuficiente.
No resulta,
- pues, correcto ni provechoso distinguir las actividades pastorales de la
vida ordinaria de
- las tareas propiamente evangelizadoras. Las mismas actividades (desde una
entrevista
- con los novios hasta una homilía), pueden realizarse en clave
evangelizadora o en clave
- de pastoral de conservación. Lo decisivo es la clave. En el primer caso,
reconocemos
- prácticamente que los interlocutores necesitan profundizar en su
conversión a la fe. En
- el segundo, lo damos por supuesta..., o quizá por imposible. Siendo la
clave lo decisivo,
- es preciso añadir que una comunidad que no introdujera en su proyecto
pastoral algunas
- iniciativas destinadas a los más lejanos de la fe, mostraría una carencia
de creatividad y
- de vigor. La fuerza expansiva de la fe es signo de su vitalidad.
- 1.3.
Más comunitario
- Un estilo más
comunitario
postularía hoy de nosotros, entre otras
muchas
- condiciones, una mayor atención a la diversidad de dones y carismas que el
Espíritu
- siembra en la comunidad para el ejercicio de los distintos servicios y
ministerios.
- Así lo aconseja el Papa en
Novo millennio ineunte, n. 46. Ya
Christifideles laici,
n. 23 decía: «Los pastores han de
reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles
laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y la Confirmación
y, para muchos de ellos, además en el matrimonio».
- Resulta pertinente recordar aquí los caracteres de un verdadero ministerio
laical. Son
- servicios que cubren áreas importantes de la vida de la Iglesia (la
catequesis, la pastoral
- familiar o sanitaria, la acción socio-caritativa, etc). Reclaman una
dedicación estable y
- un nivel notable de responsabilidad asumida. Requieren un reconocimiento
por parte de
- la Iglesia. Es muy coherente que tal reconocimiento se dé públicamente
ante la
- comunidad en una celebración.
- «
En la Iglesia, que es el
cuerpo de Cristo, cada uno ejercemos distintas funciones. Uno centra todo su
interés en el estudio de la sabiduría de Dios y la doctrina de la palabra,
perseverando día y noche en la meditación de la ley divina: es el ojo del
cuerpo. Otro se ocupa del servicio a los hermanos y a los indigentes: es la
mano de este santo cuerpo. Otro es ávido oyente de la Palabra de Dios: es el
oído del cuerpo. Otro se muestra incansable en visitar a los postrados en
cama, en buscar a los atribulados y en sacar de apuros a quien se encuentra en
alguna necesidad: podemos indudablemente llamarle pie del cuerpo de la Iglesia»
(Orígenes).
- 1.4.
Más corresponsable
- Esta orientación básica entraña consecuencias pastorales importantes. Nos
está pidiendo
- que los colaboradores se conviertan en corresponsables. Un mero
colaborador participa
- sólo en la ejecución de los proyectos. Un miembro corresponsable participa
en la
- gestación, madura la decisión y colabora en la realización de lo
proyectado.
- Precisamente por ello se siente solidario a la hora de hacerse cargo de
los resultados del
- proyecto realizado y no declina su responsabilidad personal sobre los
hombros de los
- coordinadores. Animado por este espíritu,
Novo millennio ineunte,
n. 40 nos convoca a
- «
una acción misionera que no
podrá ser delegada sobre unos pocos "especialistas"
- sino que ha de acabar implicando la responsabilidad de todos los miembros
del Pueblo
- de Dios
».
- 1.5.
Más personalizado
- La psicología del hombre y la mujer contemporáneos y las especiales
circunstancias
- de la evangelización nos conducen a imprimir a nuestra acción pastoral un
fuerte sello
- de atención a cada una de las personas.
- Por supuesto son necesarias las prestaciones pastorales colectivas; pero
al menos para un número notable no son suficientes. Los que están en búsqueda,
la pareja de novios, los
- matrimonios, cualquier creyente al que queremos invitar a que asuma un
compromiso,
- requieren atención individualizada. No son tiempos de cosechas abundantes.
Hoy
- «sumamos de uno en uno».
- 1.6.
Cuidar a los
evangelizadores
- La calidad espiritual y apostólica del núcleo evangelizador de nuestras
comunidades es decisiva. Esta calidad requiere servicios de formación, de
espiritualidad, de talante comunitario, de destrezas necesarias para la
pastoral que realizan. Requiere además un
- acompañamiento individualizado. Requiere asimismo interesarnos por su
situación
- personal, tener el detalle de mostrarles que apreciamos su trabajo,
expresarles nuestra
- confianza comunicándonos con familiaridad.
- Bastantes colaboradores leales se han «quemado» al comprobar que
sólo
son
- colaboradores y que sus propuestas o iniciativas son descartadas
autoritaria e
- indelicadamente. Otros se han «deshidratado» porque no les hemos ofrecido
el agua de
- la espiritualidad, de la formación, del seguimiento personal. Algunos se
han
- desencantado porque, al no percibir en nosotros signos de interés real por
sus personas,
- han llegado a la conclusión de que también la Iglesia valora a las
personas solo en
- función de su utilidad.
-
-
- 2.1.
El servicio a la
Palabra de Dios
- La atracción hacia la Palabra de Dios, suscitada por el Espíritu Santo,
está reclamando y
- generando en nuestras Iglesias numerosos grupos de lectura creyente de la
Biblia. Es
- visible el fruto espiritual que estos grupos reciben.
- «
Cuando tenemos un por qué y
un para qué, soportamos mejor el cómo»
(V. Frankl).
- proselitismo.
- Una gran mayoría de nuestros niños, que viven en un ambiente familiar y
escolar
- próximo al paganismo, reciben de la mano de los catequistas la primera
evangelización.
- Este trabajo ímprobo se desenvuelve entre muchas dificultades que ponen a
prueba la
- abnegación de los catequistas. La catequesis familiar bien conducida y
orientada parece
- resultar una motivación añadida para los niños y una delicada y fructífera
interpelación
- a la fe adormecida y descuidada de los padres.
- 2.2.
La Celebración
- El servicio de la Palabra de Dios y la acción caritativa convergen en la
celebración
- litúrgica, sobre todo en la Eucaristía. En ella se proclama la palabra y
se motiva el
- compromiso. El Concilio lo ha dicho con una frase densa y feliz: «
La
liturgia es la
- cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la
fuente de donde
- mana toda su fuerza
».98
La celebración dominical de la Eucaristía es
el encuentro
- privilegiado en el que la comunidad cristiana accede a esta fuente y a
esta cumbre.
- «
No podemos subsistir sin el
domingo». «Entre
las numerosas actividades que desarrolla una parroquia, ninguna es tan vital y
formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y
de su Eucaristía».99
- El domingo es para los cristianos «
día
del Señor, día de la Iglesia y día del hombre».
- Preparemos esmeradamente la Eucaristía dominical.
- 2.3.
La acción
caritativa y social
- Existe un vínculo indisoluble entre la celebración y el servicio, puesto
que el Dios
- Salvador que viene a nosotros en Jesucristo se ha identificado él mismo
con los pobres y
- pequeños.
101
El reto de las comunidades consiste en no separar
la oración y la caridad; la
- meditación del Evangelio y la participación en las causas humanizadoras;
la práctica
- sacramental y el servicio a los pobres.
-
-
3. Remodelar algunas estructuras pastorales
- Una renovación que se limitara a mejorar los proyectos pastorales y a
afinar las actitudes espirituales y apostólicas de las personas y grupos
creyentes, sería un paso real, pero no suficiente. La renovación necesita
encarnarse también en las estructuras. Proyectos y actitudes están reclamando
nuevas formas de organización. Si no las alumbráramos estaríamos creando
sufrimiento y parálisis.
- 3.1. La Parroquia
- Inscrita en una porción de la sociedad, es figura privilegiada de la
cercanía de la
- Diócesis y de la Iglesia a los creyentes e increyentes de esta porción. Es
«
la Iglesia
- misma que vive en medio de las casas de sus hijos e hijas
».
Esta misma cercanía la
- hace muy apta para acoger cordialmente y favorecer, sin excluir a nadie,
relaciones de
- familiaridad y proximidad entre sus miembros, al menos entre los más
vinculados.
- Tiene las antenas levantadas para registrar lo que sucede en su entorno,
para detectar las
- necesidades y sufrimientos de la gente y para establecer diálogo y
colaboración con
- grupos e iniciativas cívicas próximas a ella. Si antes el territorio vivía
a la sombra del
- campanario, hoy la parroquia se siente urgida a situarse en los diversos
«territorios» de
- la vida de las personas. Si no existieran las parroquias y centros
eclesiales análogos, la
- Diócesis, su vida religiosa, sería inmensamente más pobre.
- Pero la parroquia es hoy tan necesaria como insuficiente. Se ha acabado el
tiempo de la
- parroquia auto-suficiente. Las parroquias, incluso las más nutridas, no
son hoy capaces
- de ofrecer por sí solas toda la variedad de servicios y estímulos para
nutrir la fe y la
- eclesialidad de los practicantes, alimentar su compromiso cívico y
alumbrar iniciativas
- misioneras. Por la movilidad característica del actual modo de vivir, los
límites
- parroquiales se desdibujan. Este fenómeno hace más necesaria la acción
concertada de
- las parroquias. La autarquía parroquial es no sólo un fenómeno que
contradice a la
- comunión corresponsable de las parroquias entre sí, sino que compromete su
eficacia
- pastoral.
- La evangelización requiere una auténtica articulación de parroquias y
centros análogos
- que vaya más allá de una buena vecindad y de puntuales ayudas mutuas. Tal
- articulación no pretende laminar las parroquias ni los centros no
parroquiales, sino
- potenciarlos al hacerlos converger. Complementándose mutuamente responden
a su
- naturaleza y a su misión mucho mejor que pretendiendo ser autosuficientes.
Siempre
- quedará al cargo de la parroquia originaria al menos un núcleo de tareas
básicas: la
- catequesis infantil, la celebración de la Eucaristía, de los demás
sacramentos y de las
- exequias, la relación con los enfermos y los ancianos, las
responsabilidades en el decoro
- del templo y las dependencias pastorales, el contacto con las familias,
las devociones
- específicas.
- 3.2.
Las Unidades
Pastorales o supraparroquiales
- Unidades Pastorales supraparroquiales que articulen entre sí en una unidad
mayor varias parroquias, centros eclesiales de pastoral, colegios, obras de
religiosos y asociaciones apostólicas.
- Una Unidad Pastoral no es un simple conglomerado de parroquias
yuxtapuestas a las
- que hoy atienden pastoralmente uno o dos presbíteros porque la penuria de
los
- sacerdotes así lo requiere. Es un conjunto articulado de parroquias y
otros centros
- eclesiales que se integran entre sí para complementarse y realizar unidas
lo que no
- pueden realizar por separado. Y para hacerlo con un estilo nuevo:
espiritual,
- comunitario, evangelizador, corresponsable, personalizado, preocupado de
la
- preparación de los evangelizadores. Tiene un territorio definido, un
presbítero
- coordinador, un equipo pastoral, un proyecto.
- Las Unidades Pastorales no suplantan a los Arciprestazgos, que siguen
cumpliendo las
- funciones que les asigna la legislación de la Iglesia (cfr. can. 533 ss.).
Tales funciones
- no llegan hoy a cubrir las insuficiencias de las parroquias ni a optimizar
la eficacia
- pastoral que pueda extraer de ellas una organización menos extensa y más
cercana,
- como la Unidad Pastoral.
- Las Unidades Pastorales reclaman una adaptación flexible tanto a los
responsables
- pastorales de las parroquias y de otros centros como a los feligreses. A
estos les resulta
- laborioso apearse de su fuerte sentimiento de pertenencia exclusiva a «su
parroquia»,
- asumir también la movilidad a la que les obligan en ocasiones los cambios
introducidos
- y pasar de su condición de simples destinatarios de los ministerios
pastorales a activos
- colaboradores. Algunos presbíteros desconfían de la suerte futura de estas
nuevas
- estructuras. A algunos otros les cuesta compartir con otros la
responsabilidad de «su»
- parroquia, entrar en la disciplina de un equipo. Son resistencias
comprensibles y
- superables.
- 3.3.
El equipo pastoral
o ministerial
- Es pieza clave en la estructura y el funcionamiento de la Unidad Pastoral.
El obispo
- transmite a un grupo de creyentes presididos por un presbítero el encargo
de ofrecer a
- toda la Unidad Pastoral los servicios necesarios para su vida y misión. El
equipo se
- compone de presbíteros, laicos y religiosos que asumen, según su condición
y sus
- carismas, diversos ministerios para construir la comunidad e impulsar la
misión. Está
- presidido por un presbítero, habilitado por el sacramento del Orden para
representar a
- Cristo Pastor y, por tanto, para ser coordinador de los servicios de la
Palabra, el Culto y
- la Caridad.
- Los miembros del Equipo no son sólo ni primariamente un equipo de trabajo,
sino, en
- alguna forma real, una pequeña comunidad. Puesto que no es un simple grupo
de trabajo, una de las finalidades del equipo es el crecimiento integral
(humano, espiritual,
- ministerial) de todos. Quien comparte sólo tarea acabará «quemándose» o,
al menos,
- desalentándose.
- Como tal grupo comunitario, el equipo se reúne periódicamente en torno al
Señor para
- orar. Celebra encuentros de programación y de evaluación de su trabajo y
del de sus
- colaboradores. Comparte la fiesta y el dolor, los logros y los fracasos en
el trabajo
- común. Cada uno de sus miembros es corresponsable de la totalidad, aunque
tenga su
- área precisa de responsabilidad propia.
- Las relaciones mutuas entre los miembros del equipo son un factor muy
relevante. Aquí
- suele residir con frecuencia el vigor y la cohesión o el caballo de
batalla de los equipos
- pastorales. Son muy importantes la libertad de comunicación y la manera de
afrontar y
- gestionar los ineludibles conflictos.
- La misión del presbítero coordinador es capital. A él corresponde
especialmente ser el
- eje de la comunión y procurar que todos sean reconocidos y se sientan
miembros
- apreciados y valorados en el equipo. Lejos de realizar un seguimiento
minucioso de las
- tareas encomendadas a cada uno de los componentes del equipo, ha de saber
confiar en
- ellos, sin dejarse llevar por un movimiento espontáneo de responsabilidad
desmedida
- que pretende tenerlo «todo bajo control». Las funciones asumidas por los
miembros del
- equipo no deben tampoco confinarle en los trabajos de coordinación ni
separarlo del
- trato directo con los feligreses y sus problemas. El consejo personal y el
cultivo de
- nuevas vocaciones para diversos ministerios (sin olvidar las vocaciones al
presbiterado
- y a la vida consagrada) han de ocupar una parte notable de su tiempo y de
su corazón de
- pastor.
- 3.4.
Impulsar
asociaciones y movimientos laicales
- Hoy muchas de nuestras parroquias y unidades pastorales no son capaces de
ofrecer de
- una manera completa la formación que necesita un cristiano para actuar
apostólicamente
- en su ambiente profesional o cívico, ni pueden tampoco acompañar
suficientemente a
- quienes viven un compromiso de fe encarnado en la acción transformadora de
la
- sociedad. Hacen falta asociaciones, movimientos, que de una manera estable
y bien
- organizada ofrezcan la ayuda necesaria para el crecimiento de los hombres
y mujeres
- laicos en el área personal, familiar, profesional y social de su vocación
cristiana.
- «
En ellas han de encontrar los
cristianos espacios de acogida y libertad para
- poder nutrir su fe, ganar en profundidad y coherencia en el seguimiento de
Jesús,
- contrastar su praxis a la luz del Evangelio, crecer en espíritu
comunitario y renovar su
- servicio a la misión evangelizadora, alentar con especial interés la
presencia y el
- compromiso de sus miembros en la vida social para contribuir a la
construcción de una
- sociedad mas justa y solidaria, en definitiva, más conforme con el reino
de Dios
».104
Las
- diversas formas de apostolado asociado y organizado constituyen una
expresión y un
- testimonio de primer orden de la experiencia comunitaria de fe y de su
dimensión
- evangelizadora. La multiplicación de iniciativas de apostolado laical de
diverso signo es
- un regalo del Espíritu a las Iglesias particulares, para un mejor servicio
a la
- evangelización.
- Las asociaciones y movimientos laicales han de cuidar no sólo su inserción
viva en la
- sociedad, sino también la calidad de sus vínculos eclesiales. La relación
fraterna y la
- colaboración entre las asociaciones es un postulado elemental, no siempre
fácil. El
- arraigo en la diócesis en la que están implantadas ha de ser cordial y
confiado. Adaptar
- sus programas al Proyecto de pastoral la Iglesia local y participar
activamente en los
- Encuentros diocesanos son dos señales muy valiosas de eclesialidad.
- 3.5.
Reavivar y
reinsertar los carismas de la vida religiosa
- También la vida religiosa se siente hoy interpelada.
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