Divino Niño Jesús
Iglesia Virgen del Valle
Puerto La Cruz , Anzoátegui
Venezuela
luis

Creo que es posible vivir en comunidad ... una comunidad que es Iglesia de Jesús 
En la que vivamos a la luz del Evangelio viendo como hermanos la causa del Reino
Mi amigo Jesús

Quiero que me oigas sin juzgarme
Quiero que opines sin aconsejarme
Quiero que confies en mi sin exigirme
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides sin anularme
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mi
Quiero que me abraces sin axfisiarme
Quiero que me animes sin empujarme
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mi
Quiero que me protejas sin mentiras
Quiero que te acerques sin invadirme
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten
Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas
Quiero que sepas...que hoy puedes contar conmigo..
Sin condiciones .
Jorge Bucay
Vale que estemos estresados...
Vale que puede que a ratos nos flojeen las fuerzas...
Vale que sea duro querer hacer tanto a base de robarle horas al sueño...
Vale que suponga renunciar a otras cosas y posponer más de un rato de ocio...
Vale que hay cosas que no nos salen y nos frustramos...
Vale que de vez en cuando uno se pregunte si realmente lo conseguiremos y le entre la duda...
Vale que no sea fácil luchar contra tantos impedimentos y dificultades...
Vale que podamos estar forzando la máquina...
Vale que a veces echemos de menos más "manos" para trabajar...
Pero merece la pena.
De eso hemos de estar completamente seguros/as.
Merece la pena
desvivirse,
despertarse,
desvelarse,
deshacerse,
desinstalarse,
desconyuntarse.. por lo que nos mueve.
Por eso, porque merece la pena, queridos amigos de sueños compartidos:
¡Hagamos esa llamada!
¡Escribamos ese email!
¡Montemos esa acción!
¡Vayamos a ese lugar!
¡Repartamos esos papeles!
¡Superemos ese miedo al ridículo!
¡Hablemos con esa persona!
¡Contagiemos la pasión por los empobrecidos!
¡Luchemos con todas nuestras fuerzas por este germen de Esperanza!
Ya no podemos traicionarlo.
Porque merece la pena.
Vamos con la recta final.
Estamos haciendo historia. Una historia de la que no somos nosotros los protagonistas.
Así que...
respira,
coge fuerzas
y...
Vamos!
VAMOS!
Venid a mí todos los que estáis cansados
Mt 11, 25-30
Ya estamos en verano. Y todos nos disponemos a buscar, de alguna manera, ese descanso que nos reponga de las tensiones y desgastes que hemos ido acumulando a lo largo del año. Sin embargo, no todas las personas saben descansar. Hay quienes terminan las vacaciones con el ánimo crispado y el cuerpo maltrecho. Descansar es un arte que hay que aprender.
Antes que nada, hemos de valorar el descanso y el ocio por sí mismos. Configurados por «la sociedad del rendimiento», podemos llegar a pensar que la vida pierde todo su sentido en el momento en que deja de ser rentable.
Hay personas que siempre tienen que estar haciendo algo útil. Sólo «descansan» para volver a trabajar, pues el trabajo es lo único importante en sus vidas. Por eso, incluso en vacaciones, tienden a seguir haciendo lo que hacen durante el resto del año.
Sin embargo, las vacaciones son para vivirlas a pleno pulmón, gozando del hecho de poder disfrutarlas y no sólo como un merecido descanso, sino como apertura a nuevos valores y recreación de nuestra vida.
El descanso vivido plenamente nos permite recuperar la paz y armonía interior. Volver a ser más dueños de nosotros mismos, liberarnos de preocupaciones y prisas que ahogan nuestro ser.
Se trata de experimentar ese «puro vivir» en el que «el cuidado ha sido enteramente sustituido por el gozo».
Ese descanso liberador nos hace más receptivos y contemplativos.
En el ocio nos conocemos a nosotros mismos de otra manera. Podemos escuchar mejor lo que hay dentro de nosotros; tomar conciencia más viva de lo que somos y de lo que la vida nos pide; poner las bases para una vida más equilibrada y digna.
El ocio ayuda también a entrar en comunión más profunda con las cosas y con la naturaleza, al sustituir el punto de vista de la utilidad por el disfrute.
Cuando uno olvida la prisa, disfruta del silencio, recorre a pie los caminos, contempla plácidamente la puesta del sol o se recrea en las aguas del mar, experimenta la vida como un regalo precioso que nunca sabremos agradecer lo suficiente.
No es difícil entonces percibir la presencia misteriosa de ese Dios cuyo amor atento y solícito vela por esta creación y por esta humanidad que sólo busca descanso y vida eterna. Se entienden las palabras de Jesús:
«venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.»
¿Puede de verdad descansar el corazón del ser humano sin reconciliarse con Dios, su Amigo?
La iglesia una Comunidad de Comunidades, una red de comunidades trabajando por la vida, por los pobre...

«Yo te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has descubierto a la gente sencilla».
Divino Niño Jesús
Iglesia Virgen del Valle
Puerto La Cruz , Anzoátegui
Venezuela
luis